Vidas ajenas, pasiones propias

Vidas ajenas, pasiones propias

Resulta que, después de todo, lo ajeno deja de serlo en cuanto proyectamos en ello nuestra pasión. Así nuestra mirada convierte en propias todas las vidas ajenas que observamos desde lejos. La realidad como materia prima y la imagen como forma de expresión. Siempre he concebido la fotografía como una herramienta con la que convertir lo ajeno en propio; una forma de contar historias sin palabras; una oportunidad de crear poemas visuales que cada uno, con su mirada, pueda completar. A través del objetivo, me abstraigo para observar el mundo y capturar un estado de ánimo, una emoción; desdibujando la realidad y otorgando así vida a lo inanimado. Apropiarse de lo ajeno significa dotar de un significado propio y personal a cualquier objeto o paisaje; y que a la vez, cada una de esas fotografías, se convierta en una puerta de  entrada a un universo visual, el mío, en el que el minimalismo busca la expresión en los detalles. Justo a la inversa sucede con mi forma de entender el autorretrato, cuando yo misma me convierto en lo ajeno, en el objeto inanimado que es utilizado para expresar una emoción. No importa la identidad de la persona, solo lo que sientes cuando miras la fotografía. No importa dónde fue tomada esa fotografía, solo cómo te hace sentir. De este modo, mis reflexiones, anhelos, desencantos o preocupaciones – a través de la emoción, – tienen su forma de existir en la imagen fija. Fotografía y texto: Wilma...