Xoel López: “Demostrar que arriesgando también se puede ganar”

Xoel López_Wilma Lorenzo

Xoel López es un experto en tomar riesgos sin que la motivación sea la necesidad. Lo hizo al reinventarse con Atlántico, defendiendo una propuesta nueva que si en esencia sí tenía mucho que ver con Deluxe, llevaba implícito un concepto nuevo al que todos llegaríamos pero cada uno a su tiempo. Y ahora lo vuelve a hacer con Paramales, como él mismo dice, «un gran crisol» resultado de la forma en que Xoel entiende la vida. Siempre buscando, contemplando, absorbiendo. Mirando al futuro para con perspectiva regresar al pasado. Y con todo ese conglomerado de sensaciones, emociones y sentimientos; realizar un disco que esté a la altura de la variedad de circunstancias que han tenido algún protagonismo en su vida. Transformando experiencias en sonidos y sonidos en 13 canciones que hacen de Paramales un capítulo más que degustar lentamente mientras se cocina el próximo episodio.

Ahora que Paramales, tu segundo álbum como Xoel López, ya está en la calle qué sientes, ¿vacío, desahogo, inquietud?

Es un poco liberación. En este caso se trata de un disco que tardé mucho en plasmar, elaborar y terminar;  y sí que ha sido decir: «¡Por fin!». De hecho, la sensación a las doce de la noche cuando ya se podía escuchar en Internet era esa, la de decir: «por fin está en la calle esto en lo que llevo trabajando tanto tiempo».

Y eso que en este caso no ha pasado mucho tiempo desde que acabaste el disco hasta que ha visto la luz.

Es verdad. No ha pasado tanto tiempo entre que se terminó y se editó, pero sí costó terminarlo. Yo empecé hace tiempo. Fue un proceso largo. Llegué a hacer una primera grabación que no terminó de cuajar y se convirtió en unas primeras maquetas. Luego ya entró Ángel y esa fue la parte más bonita porque ya estaba todo un poco más encaminado, pero vaya, se me hizo largo el dejar ahí plasmado todo lo que tenía en la cabeza. Por ejemplo, con Ángel lo pasamos muy bien pero fue muy intenso porque teníamos muchos retos y muchas ganas de llegar a sitios que no son los comunes y eso también supone un esfuerzo psicológico extra. Implica mucho ensayo y error, probar cosas que no has hecho antes y por lo tanto cagarla. Y uno intenta siempre cagarla antes de que sea la última ocasión. Pruebas, vuelves a probar, algo te gusta, algo no… Y con Ángel eso fue muy interesante y muy sencillo.

¿Sencillo a pesar de lo perfeccionistas que sois ambos?

Sí. Somos un poco perfeccionistas de más (risas) y eso puede convertir el proceso en un viaje sin fin. Pero por suerte no existe la perfección y simplemente se trata de encontrar ese final al proceso. Fue muy bonito en ese sentido.

¿No te sientes vulnerable al exponerte una vez más a través de tus canciones?

Sí. Sobre todo ahora en la parte de promoción. Precisamente se lo comentaba ayer a Lola, que me doy cuenta de que todo lo que estoy contando a todo el mundo en este disco son mis intimidades. Y de repente me veo otra vez haciendo entrevistas o contestando preguntas en rueda de prensa hablando de sentimientos muy míos que forman parte de mi intimidad por mucha metáfora que haya. Mucha gente te pregunta directamente sobre el significado, y al final, lo que estás haciendo es hablar sobre tu vida. Y ahí sí que hay un punto de pudor. Todavía.

Incluso aunque te pregunten por generalidades, tú estás hablando de algo muy concreto.

Claro. Supone abrirse al mundo y hacer un ejercicio muy importante de apertura emocional. Que no tiene por qué estar mal pero implica estar con el corazón abierto. Para bien y para mal.

Venías de Atlantico, disco complejo por el contraste con toda tu etapa anterior, pero que funcionó y fue entendido por el público de Deluxe. ¿Fueron esos resultados los que han motivado que en Paramales asumas aún más riesgos?

Totalmente. De hecho, eso mismo que estás preguntando lo he dicho yo como respuesta. El hecho de cómo funcionó Atlántico fue determinante. Y ahí tengo  que alabar al público, a la gente que me escuchó, porque creo que ellos también hicieron el ejercicio de asimilación muy bien. Porque para mucha gente fue como ver a alguien que llega con un peinado nuevo. Yo fui cambiando día a día en mi experiencia y en esa vida al otro lado del charco de la que tanto hemos hablado ya. Y el ejercicio de la gente fue tremendo: tuvo que asimilar todo lo que me pasó a mí en tres años, en unos meses. Y en ese sentido creo que tengo un público que es súper abierto. Casi te diría que es un público culto en general. Y muy predispuesto a nuevos ritmos y nuevas propuestas y eso me parece que es digno de alabanza.

De modo que en cierta manera el público te ha animado a tomar esos riesgos.

Efectivamente. Creo que gracias a eso que me da la gente me sigo sintiendo tan libre como en ese momento para seguir haciendo lo propio. Pero si lo piensas me podría haber pasado al revés. Que no hubiera salido bien y sin embargo haber hecho el ejercicio de libertad igual y haber seguido apostando. Pero claro, así es más fácil. De hecho hay ciertos riesgos y cosas que yo considero avances en un camino de búsqueda que tienen que ver con Atlántico y que creo que no me habría atrevido tanto a llevarlos a cabo si no hubiera tenido ese beneplácito.

“LAS COSAS SIEMPRE TIENEN UNA SEGUNDA Y TERCERA VUELTA DE TUERCA”

Creo que se trata de una cuestión de confianza mutua porque el público de Deluxe, no es que hiciera un acto de fe con Atlántico, pero sí creo que una parte confiaba tanto en ti, que dio más de una oportunidad a esos nuevos sonidos hasta que entendieron tu camino.

Exacto. Y esa vuelta de tuerca es la que yo alabo. Es decir, me emociona pensar que la gente me dio una segunda y tercera oportunidad porque creo que eso es importante y bonito. Pero como modo de vida incluso, más allá de la música. Las cosas siempre tienen una segunda y tercera vuelta de tuerca. Y me gusta pensar que mi público es así. Me reconcilia con el mundo. Piensa que yo escribo canciones para comunicarme con el mundo y sentir que estoy en un ambiente en el que siento que pertenezco, con la gente que me siento identificado… no sé si me pasó siempre en mi carrera… Creo que es algo que estoy disfrutando ahora especialmente. Sin tener un público masivo, claro.

Es complicado que coincidan las dos cosas: público masivo e inquieto. El mundo sería maravilloso entonces.

Estoy de acuerdo sí (se ríe). Completamente de acuerdo.

Los riesgos de los que hablamos residen en que se trata de canciones compuestas en diferentes momentos, pero también hay muchos otros elementos que sin que sean de Latinoamérica o de Galicia, son riesgos que has decidido tomar en este momento y no antes, como los guiños a tu etapa mod. ¿Tiene que ver con escribir El Asaltante de Estaciones y realizar todo ese repaso a tu carrera?

Pues no lo había pensado, la verdad, y puede que el libro haya tenido mucho que ver en eso. Me acuerdo que cuando escribí el libro le conté a Alejandro, el editor, que estaba haciendo una canción que se llamaba ‘Almas del Norte’ y que estaba buscándole la vuelta porque no la quería hacer clásica, la quería hacer más moderna, pero que hablaba un poco de la etapa en la que yo era mod. De hecho, cuenta un poco la historia de mi rollo mod y el por qué de cierta melancolía y cierta necesidad de escape. Es un disco en el que aparece mucho la música, la verdad. En la misma ‘Almas del Norte’ está presente el Northern Soul y está la música como vía de escape. Esos bailes hasta el amanecer y esos conciertos en el Playa Club, que algunos de hecho eran de Los Flechazos. También aquellas Allnighters… un concepto muy mod de noche de fiesta que aparece incluso en la letra. Y es verdad que es raro que haga esa referencia ahora, pero es que es quizá la canción más nostálgica del disco y aparece como un recuerdo. Creo que tiene que ver con el hecho de haber vivido en A Coruña un tiempo antes de venir a Madrid de nuevo. Me reencontré con esas playas donde yo iba al Playa Club a escuchar grupos y toda la ilusión que yo tenía en ese momento y todo lo que era la música para mí entonces.

¿Qué era la música para ti entonces?

Era algo muy fuerte. Un verdadero amor que sigo manteniendo, por supuesto. Y quizás ahora me reconcilié con esa etapa en la que yo también tenía sentimientos oscuros y sentía la vida muy complicada. No entendía nada y había muchas incógnitas para mí sobre el mundo y la relación entre los seres humanos. Y fue entonces cuando fui entendiendo un poco mi mundo alrededor, aceptando ciertas cosas y madurando desde entonces. Volver la vista atrás, pudiendo estar en ese contexto otra vez pero verlo con perspectiva, hizo que saliera esta canción.

¿Qué más ha motivado el eclecticismo de Paramales?

Antes me decías que aparecían otras cosas además de las influencias de Latinoamérica y es verdad. Creo que este es el disco más internacional de toda mi carrera. Hay etapas primeras más anglosajonas, hay etapas más pop español con alguna cosilla como ‘Quemas’, que era una coplilla. Atlántico combina sobre todo Latinoamérica con alguna cosa ibérica, pero este creo que es un disco en el que creo que mezclé absolutamente todo. Desde mi primera etapa primerísima hasta ahora. Y además, no solo a nivel estético y musical, también lírico. Aparecen letras de diferentes estilos y diferentes tipos sobre diferentes temáticas. Nunca había dicho esto de un disco mío, que era algo que recuperaba cosas de todas las etapas, pero este es el momento. Ha llegado ese momento. Ese gran crisol se ha convertido en un disco. ¿Y por qué es tan ecléctico? Porque mi vida ha sido muy cambiante y me he movido mucho geográficamente; pero también emocionalmente he pasado por muchas etapas. Musicalmente he ido siempre de la mano y todos esos picos estilísticos que hay en el disco son reales en mi vida y así los he reflejado. Me he atrevido a hacerlo, a lo mejor en otro caso me habría cortado un poco.

Quizá te atreviste porque ahora es cuando eres realmente consciente de todas esas etapas.

Sí. Y también me animó Ángel en muchos casos. Creo que tiene mucho mérito el productor que me decía: «Tío, pero que tú tocas muy bien la guitarra, dale duro». Y claro, eso te sube el ego y dices: «Te vas a cagar, allá voy» (risas). Y guitarrazos. Igual ocurría con recuperar cosas de teclados que tienen que ver con los sesenta pero a la vez mantener patrones de música afroamericana; o armonías que tienen que ver con lo que yo escuché en Argentina. Acordes con disminuidos, los coros… Se trata de siempre querer algo más, atreverse e ir un poco más allá. Eso fue lo que me llevó a ampliar la paleta de colores.

“SE TRATA DE SIEMPRE QUERER ALGO MÁS”

En el proceso de creación del disco se distinguen varias etapas: la primera grabación a la que antes hacías referencia; la elaboración de las maquetas, ya con Ángel Luján; y la grabación del disco.

Sí. Ha sido largo. Yo trabajo con maquetas en casa y de hecho hubo unas premaquetas, luego las maquetas con Angel y después el disco. Yo creo que te podría enseñar de cada canción quizá cinco versiones. De algunas ocho y de otras dos. Hay mucho mucho trabajo detrás. Lo que es la composición, no creo que haya sido tan tortuosa. Yo compongo una canción el día que me inspiro y sale. Ya está, ahí queda. La canción tiene sus acordes, su estructura, sus letras… Salvo cambiar alguna palabra en el último momento, ahí está. Sin embargo fue el tema del concepto y la elección estética musical en lo que tardé más. En ese proceso de intelectualización.

¿Y en ese proceso de intelectualización ya tenías todas las canciones?

Sí, ya las tenía. No surgió ninguna más, de hecho. En este caso no. No hice canciones de última hora aunque sí me ha pasado otras veces. Tenía claro que no quería trabajar de más, por así decir. Me quería centrar. Tenía 14 canciones, que al final fueron 13, y no quería diluirme en trabajar 20 canciones para que luego fueran 12. Me propuse trabajar intensamente en las que había.

Entiendo que «las que había» serían unas cuantas más, ¿qué hace que una canción se gane el puesto?

Hay muchos factores. Uno tiene que ver con la calidad de la propia canción y lo que tú consideras que aporta esa canción. Si es una canción emocionante, si te gusta tocarla. Eso es lo primero y es lo más importante, pero es verdad que a veces tienes que hacer caso a un segundo criterio. Yo no escribo para un disco, yo escribo canciones constantemente: es una forma de vida. Por eso igual en una misma semana escribo tres canciones que hablan prácticamente de lo mismo. Incluso alguna en la que repito versos. Te viene «orilla» a la cabeza y de golpe todo tiene orilla. O estás en una semana de nostalgia y morriña, o feliz y enamorado. Y lo que haces luego es elegir de esa familia de canciones la que más te guste. También está el factor compensación porque yo, aunque no escribo para un álbum, luego sí que concibo el álbum y me gusta decir: «tengo todas estas canciones, cómo doy forma a un disco». Y es ahí cuando me planteo si una canción debe estar o no más allá de ella misma. Si tengo muchos medios tiempos y me falta una lenta o una rápida. E incluso se puede dar el caso en que una canción varíe y vaya más allá de donde estaba por ese motivo, para que armonice mejor con el disco.

En Paramales encontramos por primera vez una canción en gallego, ‘A Serea e o Mariñeiro’. ¿Cuestión de quitarse prejuicios? Primero fue el castellano, ahora el gallego.

Sí. Primera canción en gallego que compongo y que grabo. Es curioso porque algo de eso tiene que haber. Seguro. Me voy quitando pieles de la cebolla.

Es curioso, porque cuando me dijiste que en este disco ibas a incluir una canción en gallego no pude imaginar que fuera a conectar especialmente con ella y sin embargo se ha convertido en una de mis favoritas.

Eso es una cosa bonita porque para empezar es una manera de llevar el gallego más allá de Galicia. Es una manera de abrir una puerta. Si ya hay mucho que hacer en castellano en el mundo de la música moderna -obviamente en flamenco no, pero lo que es la música de mezcla y fusión en la que yo siento que estoy metido sí-,  en gallego muchísimo más y esta es mi pequeña aportación. Mi pequeño gesto, porque no deja de ser algo anecdótico que haya un tema en gallego, pero bueno, siento que era una cuenta pendiente con una parte mía vital, que es el hecho de ser gallego y haberme criado allí hasta los 20 años; además de una necesidad que tiene que ver con la experimentación y una idea musical. El hecho de abrir esa puerta y ver que se pueden hacer más cosas en gallego. Un poco lo mismo que cuando empecé a escribir en castellano, que me acuerdo que veníamos de una generación que cantaba en inglés y hubo un momento en el que me convertí en muy militante del hecho de cantar en castellano y romper esa barrera.

Pues otra barrera más, aunque no te veo haciendo un disco completo en gallego.

No, no. Porque además mi primera lengua es el castellano. Lo podría hacer con alguna canción más porque me gusta el gallego y hablo en gallego, pero mi primera lengua es el castellano.

¿Por qué cambiar de productor y por qué Ángel Luján?

Cambiar de productor fue lo primero. Decidí que era el momento y tenía ganas de cambiar. Venía trabajando con Juan de Dios muchos discos y sentía que, podríamos haber hecho un disco maravilloso también, pero que había que cerrar un ciclo. Creo que era el momento de dar el paso. Él me había acompañado en todo lo anterior.

De hecho cuando hablamos de Atlántico te dije: «cambias de todo menos de productor».

Pues sí. Con Atlántico, quizás en ese momento era demasiado cambio y necesitaba un ancla que me mantuviese un poco en un lugar anterior y creo que Juande hizo su trabajo y además cumplió esa labor. Además él vino a Argentina en un contexto donde yo estaba rodeado de gente nueva y él llegó como referente del pasado. Una especie de Pepito Grillo. Y en este caso me apetecía cambiar de productor, lo tenía claro. Me propuso a Angel Luján mi manager Kin, y yo ya tenía buenas referencias de él. Lo primero que hicimos fue probar. Nos juntamos en casa e hicimos unas maquetas de tres o cuatro temas y si funcionaba, seguíamos. Y funcionó. Enseguida conectamos muy bien y hubo química. No hubo que pensar más ni plantearse otra posibilidad. Fue fácil y lo disfruté tanto como lo había imaginado. Me gustó trabajar con alguien nuevo y que fuera Ángel. Fue un plus.

“ABRIR NUEVOS CAMINOS IMPLICA TROPEZAR Y RASCARSE CON LAS ZARZAS”

Entendiendo que grabar un disco, además de plasmar conocimientos adquiridos, forma parte de un aprendizaje, ¿qué dirías que has aprendido durante la grabación de Paramales?

Por ejemplo aprendí que se pueden combinar mil cosas más de las que yo pensaba. Es decir, casi te diría que es un terreno infinito el de la mezcla y la fusión. Un terreno maravilloso interminable. También aprendí que el hecho de que entre a trabajar una persona como Ángel aporta mucho y creo que muchas veces hay momentos del día que está muy bien tener un compañero de batallas. Y si puede ser alguien que aporte frescura y venga con ideas nuevas, mejor todavía. También aprendí que el que algo quiere algo le cuesta, porque con este disco me costó un montón llegar a estar contento con la propuesta. Es decir, el abrir nuevos caminos también implica tropezar y rascarse con las zarzas. Pero bueno, ese esfuerzo que haces implica también una recompensa después.

En ‘Antídoto’ hablas de la esencia de Paramales. De ese antídoto para todos los males. Pero, ¿qué males te acechan a ti? Porque no imagino a nadie tirando dardos a tu foto…

(Risas) Yo tampoco lo creo. Espero. Más que reforzar la idea de que hubiera alguien queriéndome fastidiar, era reforzar la idea de la fuerza que puede tener la música. Al final es inevitable. Cuando escribo una canción, hace un año o ahora, en realidad ya está toda mi vida metida en esos versos. A lo mejor no hay una persona haciendo eso hoy en día, pero sí sentí que la había cuando tenía 25 años. Y todo eso aparece y reaparece. La verdad es que si soy sincero, a veces no sé de dónde salen los versos. Afloran. Hay una parte que es más consciente pero una muy inconsciente. De hecho luego cuesta explicarlo. No sé muy bien por qué escribí eso, por ejemplo. Pero bueno, ahí está. El caso es que quería reforzar el hecho de que la música tiene poder. La música como algo muy fuerte que cuenta con ese poder protector y curativo. Yo creo que todos los que escuchamos música hemos entrado por eso. Luego habrá gente que habrá entrado porque mola más, pero esos son los menos. Y aquí hablo más como melómano que como compositor. Yo desde muy pequeño escuchaba música. Me encerraba en la habitación y escuchaba canciones que me llevaban a otros planetas y eso fue muy importante en algún momento de mi vida. Muy muy importante. Pero preguntabas que cuáles son los males, ¿no?

Así es.

La dificultad de la vida. Cuestiones casi filosóficas. El por qué de las cosas, la relación entre seres humanos… complejidades que, si te digo la verdad, he ido resolviendo por el camino. Eso también es crecer y supongo que madurar, pero puedo asegurarte que cuando yo empecé a hacer canciones no tenía nada claro lo que contaba. De hecho si hechas un vistazo, a partir de una época de mi carrera, quizás de Reconstrucción o por ahí, empiezo a plasmar conocimientos y cosas que he ido aprendiendo en las letras. Empiezo a contar lo que creo que es reconstruirse, lo que creo que es empezar de cero, el amor… Por ejemplo: «El amor no es lo que piensas» digo en  ‘Historia Universal’ de Reconstrucción, o ‘El amor valiente’ de Fin de un viaje infinito… Yo qué sé. De repente vas aprendiendo cosas.

Una de las razones que te hicieron tomar la decisión de marcharte fue la incercia: una inercia buena que sin embargo no era lo que querías. En este momento estás en otra inercia buena, ¿lo vives de otra forma?

Sí, de hecho, ha sido muy importante el haber hecho esa primera tanda de discos y de trabajo arduo desde los veinte hasta los treinta y pocos, haber parado y haber tomado perspectiva… Eso fue lo más importante de todo el viaje: tomar perspectiva. Y ahora estoy volviendo pero ya de otra manera. Separando el grano de la paja y haciendo lo que realmente quiero hacer. Tratando de no dejarme llevar por ninguna inercia y marcando, dentro de lo posible, mi camino día a día. Es verdad que entonces la inercia era otra. Yo quería simplemente poder expresarme y poder llegar a vivir de la música y como lo hice de una manera tan natural, no me di cuenta de que en un momento dado estaba trabajando como si tuviera 20 años cuando ya tenía 30 y ya me iba bien. Pero venía con la inercia de: «esto es imposible así que hay que dar todo».  Y llegó un momento en el que me di cuenta de que no estaba viviendo mi vida. No estaba yendo de vacaciones, descansando; cosas que creo que son importantes para mi propia vida pero también para el propio arte. Al final, si tú no tienes una vida un poco desahogada y oxigenada tu música se puede resentir. Así que por una cuestión vital, pero también por una exigencia artística, me propuse que no quería ahogar lo más bonito de mi carrera, que es la libertad artística y el hecho de poder crecer y aportar cosas.

¿Y ahora qué esperas más allá de poder comunicarte?

No sé. No lo tengo muy claro. Yo creo que seguir tratando de aportar una nueva visión a mi manera y humildemente. No digo que esto es una nueva historia ni mucho menos, pero sí que es poner un granito más en esa apuesta de considerar más las músicas que tienen menos cabida a nivel internacional, que son la muestra propia y las músicas de otros lugares. Y ponerlas a jugar para que concursen en un mismo nivel. Yo creo que es un momento muy interesante el que estamos viviendo a nivel comunicación como para quedarnos en cosas limitadas y pequeñas. Paramales es todo lo contrario a un disco conservador. Es un disco que abre y propone nuevas cosas y me gustaría pensar que eso va acompañado de un público que ya me demostró con Atlántico que está a la altura y más; e incluso con compañeros de generación que a lo mejor se puedan animar, que ya los hay, pero cuanto más seamos mejor. Cuanto más gente se arriesgue mejor. Quizás eso sería una buena cosa: demostrar que arriesgando también se puede ganar.

Texto y foto: Wilma Lorenzo.

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