Mi Capitán: Decir que salieron de la nada sería mentir.

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Mi Capitán es una descarada forma de mostrar talento. Canciones que no se andan con rodeos y llegan a golpe de rock exactamente a donde tienen que llegar. Bases contundentes, guitarras que cautivan y atractivo a raudales. Ganas de hacer música y necesidad de expresar. Drenad el Sena (Music Bus, 2015), su álbum debut, es la mejor manera de enunciar que «nunca es tarde».

Aquel que siempre estuvo detrás del escenario asume el papel protagonista. Gonçal Planas, tras trabajar durante más de diez años con Standstill, Love of Lesbian o Sidonie; en 2012 se descubrió componiendo ‘Es suave la voz’ y unas treinta canciones que inmediatamente contaron con el respaldo de Ricky Falkner, Julián Saldarriaga, Ricky Lavado, Dani Ferrer, Ferrán Pontón y Víctor Valiente; dispuestos a formar con él una banda que si en un principio solo perseguía el objetivo de divertirse, en pocos meses ha revolucionado a todo aquel que conoce la diferencia entre oír y escuchar.

Conocíamos tu papel detrás del escenario y de pronto te plantas sobre él con canciones propias,  ¿dónde nace tu inquietud por escribir?

Creo que la gran influencia viene de trabajar con la gente que he trabajado, porque yo no lo tenía dentro. Es decir, igual lo tenía, pero nunca lo había sentido despertar. Fui guitarra en un grupo que se llamaba Sanpedro, me gustaba mucho tocar pero no componía, formaba parte de un equipo. Yo creo que hacia 2009 o 2010 empecé a tener el gusanillo de la producción musical, que es lo que en realidad yo quería hacer, producir un disco. Es así como conocí a Ricky [Falkner], en una escuela de sonido. Nos conocimos y pensé: «Voy a retomar mi inquietud por ser productor». Y empecé a hacer ejercicios en casa, riffs… A mí siempre me ha gustado mucho el rock, soy mucho más seguidor de rock que otras disciplinas, y de golpe me gustó mi voz, lo que escribía… Me sentí súper cómodo haciendo arreglos y pensé: «coño, por qué no». Y en un año tenía diez canciones.

¿Qué hiciste con esas primeras composiciones?, ¿a quién se las confiaste?

Se las enseñé a mis amigos y recibí feedbacks positivos. Me aconsejaban, trabajaba con algunos de ellos… Por ejemplo, quedaba con Dani Ferrer en casa y le preguntaba cosas. Yo vivía con Ricky y hacíamos temas juntos, me enseñaba… Intercambio que uno no considera ni formación; son consejos naturales que vienen de las personas con las que estás y convives. Creo que cuando hice ‘Es suave la voz’, el inicio de todo, sería en 2012 o 2013. Y fue entonces cuando alguien me dijo: «Monta una banda. Has hecho un tema. Esto ya es motivo suficiente como para que a todos los que siempre te damos el coñazo para que montes una banda, nos reúnas y lo hagas». Y así fue. Les dije: «Vamos a hacer un ensayo» y los siete que somos son los siete que estábamos ese día.

Me parece alucinante y esperanzador. No solo que te venga de golpe la inquietud, también que te atrevas. Más después de estar “al otro lado” y teniendo en cuenta que tu grupo de amigos es gente que controla. Eso, a la fuerza, tiene que imponer.

Imagina. Enseñar las letras a Ferrán de Egon Soda, que para mí es el top absoluto. De hecho creo que Ferrán esta cerca de escribir libros en sus canciones. En realidad ellos me hicieron superar ese proceso inicial en el que uno da el salto, enseña lo que hace y tiene complejos. Gente como Ferrán me decía que las letras eran tan yo, que les había ganado. «No hay impostura no pretendes ser otra cosa, tú eres así y eso pasa en tus canciones; y todos haremos lo que tú quieras porque lo has conseguido, nos has ganado el corazón. Y precisamente a través de tus textos». Y yo pensé: «¡Gracias!». Porque necesitaba una afirmación. Yo solo no me sentía nada seguro.

Así visto parece idílico: una persona que escribe bien y que encima está muy bien rodeado. Pero luego tienes que ponerte ahí. Una cosa es hacerlo en el local y otra plantarte delante del público. Tienes que tener madera de artista.

No sé cómo explicarlo sin que parezca que soy un flipado. O igual es que soy un flipado.Puede que lo sea (risas)

Para ser artista hay que tener un poco de eso…

Digamos que cuando yo era niño nunca me faltó el valor o el afán. Nunca me ha superado una situación así. Yo me pasé diez años jugando al fútbol en equipos federados y yo chutaba el penalti y era el capitán.

Es decir, que asumir el protagonismo no era ni es algo que te agobie.

Exacto. Nunca pensé: «Qué marrón». Soy el capitán, me toca chutar los penaltis y regañar al compañero que no baja a defender. Esto es lo que hace la persona que yo soy. Este es mi carácter, entonces todo fue muy natural. Me senté y canté; y escuché la voz y pensé: «hasta me mola mi voz». Y ahí se acabó, no hubo pregunta de si debería seguir. Después hice otra canción y así hasta acumular 30 o 40 que hay guardadas por ahí y que ya veremos qué pasa con ellas. Por ejemplo, eso es algo que estoy aprendiendo de ellos, de todos los artistas con los que he trabajado. Que a veces vale la pena recuperar una estrofa, una frase, un motivo… Todo esto es lo que uno retiene después de estar tanto tiempo trabajando con personas con un talento increíble: «Esto es lo que hacía aquel, tengo la foto de ese momento, la conversación». Además, yo siempre he preguntado mucho.

Tienes información de gente de primera.

Imagínate: Enric, Marc y Santi; y sus compinches. Es decir, además están Axel y Jess, está Julián, está Ricky Falkner, Ricky Lavado… quiero decir… Y muchos más con los que he trabajado de los que he aprendido, pero tampoco se trata de enumerar mi currículum. Yo hablo de los tres grandes grupos que yo he admirado y con los que he trabajado. Después hay muchos artistas, conversaciones puntuales, cosas que son inputs que te afectan y en un momento dado no te das cuenta, pero un día estas en el AVE y  te viene una frase de una conversación. A Iván Ferreiro, por ejemplo, a veces le llamo para preguntarle cosas de cantante (risas) y él está media hora hablando. Yo le escucho y cuando cuelgo pienso: «Vaya lección me acaba de dar». Y eso se queda aquí y el cerebro hace uso de esa información de manera inconsciente.

Por ese motivo ha salido todo de golpe. Has ido asimilando conceptos e información y como un volcán, has estallado. Aún así, sobre el protagonismo o la iniciativa, decías que nunca has tenido problema pero, ¿qué pasó el primer día que te plantas delante del micro? Es decir, ¿cómo recuerdas el primer concierto de Mi Capitán? Antes, durante y después.

Antes, recuerdo que estaba súper tranquilo. Veía que todo era casi narcótico. Entraba en una especie de trance. De hecho me pongo más nervioso ahora que soy más consciente. Hay cierta inconsciencia en desconocer la mecánica, no eres consciente de lo que está sucediendo, es como anecdótico, como si fuera fumado o colocado. Ves que a tu alrededor hay un frenesí en el que normalmente estoy mandando y gestionando, pero ahora me separo completamente y lo veo como espectador. Por primera vez lo vi así, como espectador y protagonista principal. Pasó lo mismo cuando grabamos. Cuando hicimos ‘Es suave la voz’, fuimos un fin de semana a grabarla junto a ‘Millones de palabras’, fue la primera vez que tuve esa sensación de estar sentado en un sofá viendo cómo todo el mundo trabajaba en el estudio: técnicos, músicos, backliners… y yo ahí pensando: «esto es lo que normalmente pasa».

Pensabas: «Ese suelo ser yo»

Claro. «Esto es lo que siente Santi o Marc o Enric». Era algo bastante especial y en aquel concierto yo estaba con esa calma. Estuve nervioso cinco minutos antes de salir, cuando de golpe volví a mí y dije: «wow». Estamos aquí abrazándonos, con mucha complicidad, noté mucho cariño… En esta banda creo que hay algo que es básico que es mucha lealtad y respeto mutuo entre los diferentes miembros. ¿Quién no respeta a Ricky?, ¿quién no respeta a Juli? Y a Dani, a Victor, a Ferrán… ¿Quién no me respeta a mí? Todos hemos crecido juntos, hemos intercambiado muchísima información, ayuda, generosidad… Que todo esto haya sucedido, que este grupo haya acabado convirtiéndose en una realidad, que yo esté haciendo esta entrevista contigo, que hayamos hecho un disco, que vaya gente a vernos… Es desde muy injusto a demasiado justo. Tal y como funciona el mundo no tiene ningún sentido porque el mundo es injusto pero esto está pasando. Es increíble. Qué coño hemos hecho. Seguro que acabo teniendo cáncer o algo así para compensar esta suerte (risas)

Mi Capitán empezó como una diversión que entiendo que desde el principio os tomasteis en serio.

Bueno… Es que sí que fue algo que surge por jugar. Cuando empecé a hacer las canciones ya tenía una deliberada manera de escribir y un deliberado sonido. No hice una canción de amor, la primera es una canción que habla de la droga y del exceso, que es básicamente toda la temática del disco: el exceso. Ya sea emocional, sexual, nocturno. Y ellos ya me conocen y saben cómo soy. Me conocen de verdad de noche. La mayoría de la gente no, pero esos tíos sí. Ellos lo saben todo, por eso no les sorprendió nada y entendieron que lo que yo quería era bases fuertes y sexis. Es decir, lo que había en las letras más o menos. Después, cada uno de ellos implementa y mejora. Yo les entrego una demo con todos los instrumentos tocados, pero si llega Lavado y me dice que mete unas congas, perfecto. Y mejor. Todo va siendo así. Por eso somos una banda. No soy Lenny Kravitz. Estoy rodeado de gente que mola mucho y juntos formamos una banda. Era un juego, sí. Era algo que comenzó para vernos porque yo giraba tanto con LOL que no veía a Víctor Valiente ni a Ricky Lavado. Vivía con Falkner pero Standstill giraba también y no nos veíamos… Y queríamos vernos.

Pero cuando os juntáis seríais conscientes de que eso iba a tener cierta repercusión Imposible que pase desapercibido aunque hubiera sido un desastre.

Sí, bueno, en realidad nosotros no lo sabíamos. Nosotros estuvimos ensayando un año. Quedamos cinco veces y nadie sabía nada. Y ya tocábamos ‘Es suave la voz’. Quiero decir. Eso sucedía. Y nosotros acabábamos, nos íbamos al bar, brindábamos con cubatas y pensábamos: «Qué guay lo pasamos».

¿Cuándo decidís sacar ‘Es suave la voz’?

Tuvimos la enorme suerte de que Tots Sants nos propuso grabar el tema. Nos conocemos desde hace muchos años. En Barcelona la gente se conoce, como en Madrid, y yo creo que Ricky les había pasado la demo y nos dijeron: «¿Por qué no grabar ese tema que mola?». Y así fue.

Recuerdo escribir a Julián para poner el tema en la radio y que me dijera… ¡no existe!

Claro. Nadie pensaba hacer nada más que eso. Entiendo lo que dices de la repercusión pero en realidad nosotros estamos más cerca del panolismo de lo que la gente cree. La dimensión que nuestros personajes o sus personajes tienen, viene dada por el tamaño de las bandas en las que están, pero el individuo en sí no piensa: «Ya verás tú, somos la polla, estos siete seguro que mañana nos hace una foto alguien y la gente se pregunta qué hacen juntos». Esto no existe en nuestros cerebros. Es algo mucho más inocente. Quedo con mis colegas, fumo canutos, bebo cubatas; y rock and roll.

Y ahora que todo está más establecido. Tenéis una oficina, hacéis promo, conciertos…. ¿cómo vais a conseguir no perder esa esencia?

Pues por lo que he aprendido en mi experiencia acompañando a grupos y trabajando para ellos, yo creo que cuando un grupo crece, inevitablemente aparecen disyuntivas. Se trata de tener la fuerza suficiente como para superarlas, de lo contrario, por la naturaleza misma de las personas que lo forman, ante un problema reaccionan de forma diferente. Si todos reaccionamos de una forma positiva siempre superaremos cualquier problema, y si no, ya veremos qué sucede. Pero el plan es adelante con todo. Todos estamos encantados y también somos conscientes de no pisarnos los unos a los otros: las diferentes bandas de las que viene cada uno. Todo el mundo sabe la naturaleza de esta banda, todos vienen de otro sitio que está mucho más allá del sitio donde está Mi Capitán. Sabiendo esto intentaremos no meternos el codo.

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La grabación de Drenad el Sena se llevó a cabo en 9 días en La Casamurada, ¿cómo fue este proceso con tanta gente con tanto que decir?

Pues Pablo Garrido, que es quien coproduce el disco junto a Santos Berrocal, sirvió como orientador y consejero durante los nueve días de grabación. Santos se encargó de la mezcla. Por ejemplo, ‘El ciego’ es un tema que no teníamos muy claro, que no ensayamos. Nosotros llevábamos ensayadas ocho canciones y grabamos once. Tres se hicieron ahí. Pablo se encargaba de gestionar todo eso y ver desde fuera lo que faltaba, detalles.

En este caso una mirada externa era más que necesaria.

Claro, piensa que ahí dentro había como mínimo cinco productores. Cuatro capaces de tocar el bajo y de cantar la voz principal. Y sin embargo nunca nos pegamos por el número uno, para nada. Todo lo contrario

Precisamente eso es una de las cosas que más llama la atención: el ego, algo que es muy difícil de controlar, parece inexistente en Mi Capitán.

Sí. Yo en realidad no soy una persona con mucho ego. Pero soy el listón a partir del cual todo se elabora, porque al final, son mis canciones… Y como yo no lo tengo y me conocen porque he trabajado con todos ellos, asumo que si el ego de cualquiera se quisiera mostrar, se sentiría un poco fuera de lugar, un poco ridículo. No lo hay.

En todas las canciones de este disco te diriges a alguien, haces referencia siempre a “un tú”. ¿Te estás desahogando?

No es eso.. Aunque supongo que es mi manera de expresar. Mientras aprendía a ser la persona que soy a día de hoy, vivía situaciones en las que no me sentía muy cómodo y digamos que la música y este momento en el que estoy, me ha permitido ir sacando eso que tenía dentro. Y también inventarme según que situaciones. Por ejemplo, hay una frase en ‘Es suave la voz’ que dice: «Siempre estoy mirando tus fotos». En realidad es un homenaje a The Cure y ‘Pictures of you’. Y hay muchos guiños de estos. Yo soy muy muy melómano. Me gusta mucho la música por encima de todo. Y tengo frases en mi cabeza que a veces se me cuelan escribiendo. Son recursos que uno tiene para convertir una frase en un discurso que sea coherente. De hecho,  «es suave la voz de alguien al despertar», en realidad era de una chica con la que me había acostado la noche anterior y era mentira. Tenía la voz ronca (risas), pero era mucho más bonito escribir eso que la realidad. Yo no soy un artista puro, que me sucede algo y lo convierto en música. Para nada. Soy súper simple, la música que hago es rock a base de riffs, no hay acordes intrincados ni distancias de notas difíciles… no hay súper armonías. Todo es muy directo: «Hola soy Gonçal, esta es mi banda,  escribo así y si no te andas con cuidado te voy a dar una hostia».

Eso queda muy claro en el disco, sí.

Exacto. Aunque por otro lado, yo no voy así por la vida. Es la actitud de Mi Capitán. Del tipo que se sube al escenario.

En todo caso sí hay algo de ti. Al final te muestras y exhibes mucho de ti mismo. ¿Cómo llevas eso?

Pues no muy bien, la verdad. De hecho, hay una cierta sensación de incomodidad que tengo al hablar tanto de mí y exponerme. Entiendo que es la única manera y es como funciona, pero si esto fuera a más, si este grupo se convirtiera en una banda realmente de éxito, no sé cómo lo llevaría. No sé si el ser humano está preparado para ello. Bueno sí, porque hay gente que lo hace y vive tranquilamente. Pero no sé si yo, con mis cosas y con cómo me gusta que la gente se dirija a mí y cómo me gusta dirigirme yo a la gente, estoy preparado para soportar según qué tonterías. Una entrevista como esta, desde el respeto y ahondar en el personaje y en la música, es genial porque intercambiamos códigos parecidos. Pero si todo esto se banaliza y se convierte en papel couché

Desafortunadamente eso no se puede decidir.

No se puede, no. Si de golpe se venden discos, no puedes evitarlo. Imagina que nosotros pasamos el filtro del indie y de repente escucha ‘Es suave la voz’ quién sea, la pone en un anuncio y me convierto en masivo. Y me convierto en Izal, o en Vetusta o en Lesbianos. Hostia. Es muy heavy eso.

Pero cuando uno empieza un proyecto entiendo que llegar a la mayor cantidad de gente posible es uno de los objetivos.

Es lo que puede pasar pero no es a lo que aspiro, para nada.

Pero frenarlo es imposible. Y ha ido bastante rápido de momento.

De hecho sí y me parece increíble. Hace pocos meses que ha salido el disco y parece que estemos hablando de un año atrás. Y la perspectiva es un poco errónea, tengo la sensación. Es que ha sido todo muy rápido

En ese sentido, ¿qué crees que tiene de positivo vuestra veteranía?

A nivel humano, si esto nos hubiera pasado con 23 o 24 años, creo que habría sido bastante fatal. Yo creo que, como todos hemos trabajado muchísimo y picado mucha piedra; pertenecido a una época en la que todo lo que sucede ahora no sucedía, si no que se ha construido en paralelo a las carreras de los grupos… Hemos aprendido a ser muy pacientes, muy constantes y trabajadores. Y creo que eso es una ventaja. Tener la cabeza muy asentada.

Me gustaría que me contaras, ¿qué pasa en Barcelona? Mi Capitán es una muestra de que algo está pasando en esa escena.

En mi caso y en mi entorno ha existido siempre un respeto muy grande entre todos. Yo trabajé grabando el segundo disco de Love of Lesbian en 2001 y a la vez giraba con Sidonie con el Dragonfly. Y esas dos bandas, esas personas, no bandas, que es impersonal. Personas. Los tres tíos de Sidonie y los cuatro que eran en ese momento de LOL, se conocían perfectamente. Coincidían en mini festivales que se montaban. Y lo mismo pasaba con Standstill, con los que empecé a girar un año después, en 2002. Todo el mundo se conocía y todo el mundo participaba del mundo de los festivales y el haber crecido en paralelo, haberse ido mirando de reojo y compartir personas como yo, Santos, Falkner… que somos tres personas que hemos trabajado con todos ellos y nos hemos convertido en puntos en común que de alguna manera los ha unido. El mensaje que envías cuando eres muy amigo de alguien y hablas de otro muy buen amigo, es fundamental y de alguna forma se establece un vínculo. Algo así ha sucedido.

Y así hasta ahora.

Imagínate, he montado una banda con todo Barcelona. ¡Voy a meter a Colomo! (risas) Es broma, pero por ejemplo cuando salió Colomo y yo no lo conocía personalmente, Ricky me dijo en casa: «tienes que escuchar esto». Y me acuerdo que fuimos a su bolo y al acabar entramos en camerino y aquella noche ya nos hicimos amigos. Y lo mismo pasó con Martí con Underwater Tea Party. Lo vimos en Estados Unidos en el South By Southwest, nosotros estábamos con Standstill. Me acuerdo que flipamos y dijimos: «Este pavo es lo más». Y te hablo de 2007 o 2008. Y poco tiempo después lo vi tocando con los Sunday y ya fui y le dije: «Hola, eres lo más y quiero ser tu amigo». De alguna manera hay que tener esa iniciativa de decir: «Hola, eres lo más, te admiro y quiero ser tu amigo porque creo que me puedes aportar cosas flipantes».

Ahora que mencionas Standstill, que hace poco comunicaron su “parón indefinido”. ¿Qué crees que puede llevar a una banda a tomar esa decisión?

No lo sé. Creo que es tan personal… Estuve siete años con ellos, crecí mucho como persona y aprendí al lado de todos ellos y en concreto de Enric. Pero por muy cercanos que tenga a tres de ellos no es algo que se hable. Es algo que se comprende, se entiende y se apoya. Es como todo en la vida, debe haber más contras que pros llegados a este punto y por eso deciden que seguir es imposible… aunque bueno, de hecho es un paro.

¡Ojalá!

Han hecho muchos discos flipantes. Yo les conocí con el Memories Collector, cuando aún no lo habían sacado. Yo trabajaba en una agencia de management, enviaron el CD desde Bcore. Yo tenía 22 años y me acuerdo que cuando lo puse pensé que era la banda más grande que existiría jamás en este país. Y de hecho lo he pensado después y seguramente lo piense siempre. Vivalaguerra creo que es de lejos, el disco en castellano con más talento de este país. El flechazo fue instantáneo. Pero es que el Memories ya era una obra de arte. Y The Ionic Spell o The Tide. Siempre han sentado las bases, no de lo que tiene que venir, pero si una inspiración. Yo soy un refrito, con todos los respetos a mí mismo (risas). Tengo la sensación de que ha habido siempre algo muy bello y muy puro en la carrera de este grupo. Y quizás el precio que han pagado ha sido llegar a un punto en el que no pueden seguir más. Es muy difícil de valorar si no estás dentro y estar dentro es imposible, por muchos años que yo estuve trabajando con ellos no estuve dentro. Iba a trabajar, me implicaba, pero después volvía a casa y no tenía problemas ni sabía nada de lo que podía pasar. Solo recibía lo bueno, por así decir.

¿Qué dirías que has aprendido detrás del escenario que puedas aplicar ahora sobre él?

Pues no sabes la de veces que pienso en Santi, Marc o Enric. O en Falkner. Falkner me da muchos consejos: «Piensa que la gente solo te mira a ti, quieren seguir mirándote a ti, piensa en ello, ten tranquilidad. Tú mismo eres una persona que ya generas algo que hace que la gente te mire, tienes esa voz, eres un caradura y las chicas te aman, así que tranquilo» (risas). Me dice: «Si tú lo tienes desde el día que te conocí, lo que pasa es que has tardado años en creértelo. Todo va a ir bien». Y con esas palabras, no puedo pensar que no vaya a ser así.

¿Qué ves en el futuro de Mi Capitán?

Yo antes de que todo esto pasara tenía intención de pedir un crédito para grabar este disco porque quería que quedara la foto emocional de este momento de mi vida. Te hablo de 2013. Y justo lo que pasó es que hicimos el vídeo, seis meses después hicimos un primer bolo y ese bolo propició que alguien se interesara y hiciera un disco. Pero en mi cabeza el único objetivo era hacer un disco como el que escribe un libro, planta un árbol o tiene un hijo. Yo quería conseguirlo: hacer canciones, reunir gente, conseguir la energía para que funcione, dirigir un proyecto… Esa era mi intención y eso ya está.. Y el resto son pasitos flipantes que no esperábamos cuando hicimos ‘Ayer noche’… «Ayer noche alguien puso demasiado éxtasis en la bebida». La primera canción que hicimos… (risas), no tenía más texto, es mi primera letra. Lo que está pasando. Todo esto, es una propina.

Texto: Wilma Lorenzo. Fotografía: Noemí Elias.

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