McEnroe: Rugen las flores

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Rugen las flores es una expresión de la contradicción, que sin embargo es más real que la armonía que se presupone como lo normal en nuestras vidas. Una paradoja en la que las estrellas esperan a la noche y las flores rugen. Una discordancia con la que uno no puede hacer más que verse correspondido. 

El quinto larga duración de McEnroe viene cogido de la mano de la sencillez, pero su escucha no es fácil y directa. Sus once canciones conectan de forma inmediata aunque al inicio solo se alcance una primera capa. Será más tarde cuando, a cada nueva incursión, se descubra cómo cada frase reúne un gran significado y cómo no hay ni una palabra escrita en vano.

McEnroe son unos expertos en la unión de lírica y música, enriqueciendo ambas disciplinas y haciéndolas una. Cuidando, una vez más, que la letra encuentre a su melodía y viceversa; convirtiendo así sus canciones en parejas perfectas.

La inspiración la encontraron en el poema Recuerdo que el amor era una blanda furia del mexicano Eduardo Lizalde y el sonido en los estudios La Mina (Sevilla) y Raúl Pérez, encargado de producir el disco junto a la banda. Temas como ‘Rugen las flores’, que iluminan la profunda melancolía que reina en el último álbum de McEnroe; conviven con otros como ‘De madrugada’, con la introspección como protagonista; siendo el conjunto una mirada optimista en la que el deseo sería el indulto en vez del castigo. 

Y si a este disco le faltaba algo, ahí está la voz de Miren Iza para completar ‘Esta misma sensación de soledad’; volviendo a formar ese Yin para el que McEnroe siempre parece tener el Yang.

Texto: Wilma Lorenzo. Portada: Rugen las flores de McEnroe por Naiara Goikoetxea.

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