“La mujer helada” por Annie Ernaux

Reseñas atemporales de cosas que se publicaron hace siglos

LA MUJER HELADA. Annie Ernaux. Editorial Cabaret Voltaire. 1981.

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«La máquina de mermarse a una misma se ha puesto en marcha»

La protagonista de La mujer helada de Annie Ernaux conoce sus inquietudes pero las sacrifica por aquello que el entorno entiende que convierte a una chica en el prototipo de mujer completa. Negando la intelectualidad para alardear del sentimentalismo, reconociéndose vulnerable y huyendo de todo signo de independencia; asumiendo el rol responsable y conformista, haciendo de la audacia un secreto y de la libertad un sueño. Sus aspiraciones, mirada hacia adelante y atrevimiento, la definen y la convierten en la mujer inteligente, interesante y atractiva que llama la atención de ellos. Pocas cosas generan más deseo que la libertad ajena y la persecución de la misma con la intención de neutralizarla y apropiarse de ella. Qué mayor motivación que lograr convertirse en el objetivo de una mujer joven sedienta de experiencias.

El amor de universidad y las conversaciones de igual a igual, hacen que pronto se encuentre con el «sí, quiero». La convivencia convierte a dos estudiantes, en un estudiante y una estudiante y ama de casa. Ocurre lo inesperado: «por primera vez me enfrento a la posibilidad de un fracaso con indiferencia». Las tareas del hogar y  la ignorancia de cómo llevarlas a cabo hacen a ella (y no a él) sentirse culpable. El tiempo de ella (y no el de él) se desdobla. Su vida (y no la de él) cambia. Y lo hace para siempre. Cuando una  joven sedienta de experiencias se convierte en lo que la sociedad aún hoy considera “una mujer”, no hay vuelta atrás.

Un relato de cómo ella es testigo silencioso del proceso de cambio que ella misma motiva a cada paso. ¿Lo hace porque quiere?, ¿lo hace porque debe? «Correr tras una igualdad que se me escapa todo el tiempo». Sus prioridades cambian hasta no reconocerse a sí misma. «Al casarme acabaré por liberarme de ese yo que le da vueltas a todo, se cuestiona todo, de ese yo inútil». No hacer preguntas cuando sabes cuál es la respuesta. Ver en él a una persona que no conoces y saber que él no ve en ti aquello que le enamoró: «Detrás del cochecito el mundo se divide en dos, las mujeres con las que podría acostarse él y los hombres con los que ya nunca podré acostarme yo».

Partiendo de una historia de tinte autobiográfico y una protagonista sin nombre, Ernaux hace un regalo a todas las mujeres en forma de texto. Sé lo que quieras ser pero elige, toma las riendas. Renuncia a tu libertad pero hazlo libremente. «No transformes en destino lo que no era sino azar». Y sé la mujer que se reconoce en el espejo, no la mujer helada que la sociedad espera ver reflejada en ti.

Portada: Betty, 1977. Gerhard Richter. Texto: Wilma Lorenzo.

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