La decadencia, los amantes y la canción infinita

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No somos ajenos al contexto. El arte bebe de la realidad para mostrar desde su mejor cara hasta su lado más oscuro. Se sirve de hechos, personas u objetos para modelar su necesidad de expresión y da lugar a una obra que necesariamente pertenece a un aquí y a un ahora. Esa es la razón por la cual diferentes disciplinas artísticas a veces encuentran su reflejo en otra; y en el caso que me ocupa, la arquitectura, el cine y la música me llevaron a un mismo concepto: la belleza de la decadencia. El origen fue la ciudad de Oporto. Viviendas abandonadas que sin embargo están llenas de vida. Edificios huecos con más personalidad que grandes rascacielos; desocupación a través de la cual contar historias. Una ciudad que ha encontrado en la decadencia su forma de vida y regeneración.

Paseando por Oporto me imaginé a Adam y Eve caminando por sus calles. Hablo de los protagonistas de la película Solo los amantes sobreviven (2014) dirigida por Jim Jarmusch y protagonizada por Tilda Swinton y Tom Hiddleston. El concepto de decadencia aparece representado a través de los personajes principales, el argumento y el propio espacio fílmico. Elementos en constante contradicción a la vez que se complementan.

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La trama se desarrolla en dos espacios reales y conocidos: Tánger y Detroit. Dos lugares en los que reina el abandono y el descuido; en los que mandan el individualismo y la lucha por la propia supervivencia. Dos emplazamientos que sin embargo se convierten en la salvación de los dos protagonistas que encuentran en ese ambiente la forma de pasar desapercibidos. Ese abandono que la mayoría contempla como algo negativo, resulta perfecto para Adam y Eve. Pero también es una forma de demostrar esa necesidad del ser humano de vivir en sociedad, de no sentirse solo. Adam y Eve sacan partido a esos entornos de carácter hostil en los que Jarmusch incluye un pequeño oasis de normalidad, en ambos casos vinculado a la música: un club de conciertos en Detroit y un bar con actuaciones en Tánger. Ellos solo se sentirán cómodos fuera de su hogar en esas dos situaciones y siempre con la música de la mano.

Su naturaleza inmortal les convierte automáticamente en decadentes. Son seres débiles y erosionados; a la vez que grandes fuentes de conocimiento. La sabiduría es su gran don. Su forma de irradiar belleza junto con la ausencia de ambición del que no tiene prisa. Adam es el personaje oscuro y plano que se resiste a evolucionar y vive anclado en el pasado; mientras que Eve es un personaje iniciático y optimista que se adapta década a década. Forman la combinación perfecta y su aura misteriosa; su relación de amor infinita, respira decadencia, pero decadencia hermosa.

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Y precisamente el concepto del amor eterno es el que nos lleva a “Canción infinita”, el tema que cierra Nueve, el último trabajo de Rufus T Firefly. Como afirma Víctor Cabezuelo en Mondosonoro, compuso “Canción infinita” después de ver la película de Jarmusch. Un tema de nueve minutos exactos que convierte al álbum en un bucle. El mismo concepto de infinito implica decadencia, pero como la historia de amor de Adam y Eve, el tiempo juega a favor y la eternidad se hace corta. La producción y arreglos de esta canción respiran melancolía a la vez que gritan esperanza. Una descripción de contradicciones que invitan a quedarse con lo positivo; que recuerdan que aunque la realidad tiene dos caras nosotros podemos quedarnos con la buena.

Texto: Wilma Lorenzo

Fotografías: Oporto (Wilma Lorenzo), Only Lovers Left Alive (fotograma de la película) y Nueve (portada de Rufus T Firefly).

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