Foals: El impulso buscado

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Foals hacen de la fuerza un valor seguro. Tanto es así que a veces juega en su contra. Inducir subidas implica controlar las bajadas, y los ingleses pecan de convertir los extremos en puntos demasiado alejados. Sin embargo son mínimos los peros que poner a un concierto en el que se disfrutaron canciones, se vislumbró talento y los protagonistas hicieron gala de un entusiasmo que se tradujo en pulsión colectiva.

El pasado sábado 30 de enero la banda inglesa se subió al escenario del Barclaycard Center de Madrid con la seguridad de un repertorio certero del que las seis mil personas allí presentes (se trataba del formato “Ring”) difícilmente se podrían quejar. Impecable fue el inicio con ‘Snake oil’, ‘Mountain’ y ‘My number’. Pocos minutos para incurrir en el estado de ánimo de todos, gracias a su directo apasionado que bebe de la fuerza y arrojo de sus integrantes.

Foals consiguen detenerse a medio camino entre el rock guitarrero y el pop rítmico, haciendo al público bailar estruendos y corear punteos de guitarra. Su propuesta combina la búsqueda de brillo, con la generación de atmósferas y la suciedad garajera. Todo ello con una puesta en escena notable, que apoyó la predisposición de Yannis Philippakis y los suyos a despejar las dudas del por qué a cada paso que dan cuentan con más seguidores en nuestro país. Foals no bajaron la guardia en la hora y media de concierto, y ese ímpetu solo se convirtió en viento de contra, en su ausencia en temas como ‘London thunder’, que necesitan de esa otra cara que Foals sí dejan adivinar en sus álbumes, pero que no acaban de conformar en directo.

Sin embargo son esas bajadas de ritmo las que permiten otorgar coherencia al show que cuenta con la fluctuación de tempo como arma principal. Así ocurrió con ‘A knife in the ocean’, que define la personalidad de todo el concierto. Un tema que contó con un comienzo frío y distanciado para desembocar en una explosión de habilidad y energía empática. Este sería el último punto de inflexión antes de la subida final, aquella que se desdibujó de toda imperfección: ‘Inhaler’, con la continuación de ‘What went down’ y ‘Two steps’ para los bises.

Ellos lo saben, este es su punto fuerte: convertir sus canciones en canales de energía que hacen del directo una experiencia orgánica y visceral. Algo así como hacerse con el sonido para despojarle de toda autonomía y que aquello parezca pura improvisación. El arte del impulso buscado.

Foto y texto Wilma Lorenzo para Efe Eme.

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