Florence and The Machine: Pisando fuerte y de puntillas

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Florence Welch es una diva. Reúne todo lo necesario: talento, carisma, presencia. Aderezado con algo fundamental: un inequívoco don de comunicación con su gente. El pasado domingo, el Palacio Vistalegre de Madrid fue testigo de cómo las canciones de Florence and The Machine se hacían grandes y adquirían una nueva dimensión, la que se deriva de la interpretación honesta y la interacción masiva. El generoso recorrido por su discografía y su desarrollo en directo dejó patente que jamás habrá una grabación que haga justicia a lo que sucede cuando Florence se sube a un escenario.

La energía, si bien dosificada, fue la protagonista de la cita. Una primera ‘What the water gave me’ introdujo en escena a una sala aún por llenar (la puntualidad jugó en este caso en contra de la británica). Una banda clásica a la que se sumaban cuerdas, vientos, coros y teclados, y en la que reinaba una mayoría femenina y la instrumentación constituía una unidad (ni solos ni protagonismo extra para ninguno de sus miembros).

Descalza y de puntillas, Florence subió al escenario haciendo gala de su delicada elegancia para minutos más tarde contrastarla con su ímpetu y fortaleza. Con ‘Ship to wreck’ comenzaría el movimiento de la artista. Carreras, vueltas, saltos; acompañados de una ejecución brillante y ni un solo titubeo de voz. El escenario se le queda literal y metafóricamente pequeño a esa fuente de emociones que no hace más que desbordar.

Así lo hicieron sus palabras: “Siento mucho amor esta noche. Lo siento aquí, viene de vosotros. Proyectad ese amor hacia el mundo porque el mundo necesita mucho amor”. Y como si de un ritual se tratara, ‘You got the love’ y ‘ Dog days are over’ se verían acompañadas por abrazos y besos entre los asistentes a los que Florence animó a librarse de una prenda y alzarla con fuerza para “sentir la libertad que reina en todos nosotros”.

Podría pecar de excesiva o resultar manido su discurso, pero no estamos ante una artista de lenguaje vacío y melodías pegadizas. Florence sabe medir los tiempos, entiende la dinámica, conoce la euforia, pero practica el intimismo. Hace convivir las confesiones de ‘Cosmic Love’– de la que Florence relató su historia como primera canción escrita por la banda– con la grandeza huracanada de ‘What kind of man’. En definitiva, sabe medirse y entiende el equilibro. Equilibrio de una artista que sabe cuidar la música a la vez que ofrece espectáculo. Una artista que entiende que caminar de puntillas y descalza no implica no hacer ruido.

Texto y foto: Wilma Lorenzo para Efe Eme.

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