“Éramos unos niños” por Patti Smith

Reseñas atemporales de cosas que se publicaron hace siglos

ÉRAMOS UNOS NIÑOS . Patti Smith. Editorial Lumen. 2010.

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<<A veces yo solo quería levantar las manos y parar. Pero, ¿parar qué?. Mi maduración, tal vez.>>

Si tuviera que señalar a aquellas personas que creo que mejor me conocen, escogería a las que han sido testigo de mi crecimiento emocional e intelectual. Conoces a alguien de verdad cuando sabes valorar sus cambios y que cuando estos llegan, tú permaneces. Patti Smith y Robert Mapplethorpe nunca dejaron de conocerse. Establecieron una relación basada en la mutua admiración y en el respeto; en la que uno aprendía del otro. El arte fue su vía de escape y su forma de expresar lo que sentían.

Gracias a Éramos unos niños (Editorial Lumen) podemos conocer de primera mano cómo era ese universo creativo en el que habitaban Patti y Robert; un universo inmortal que desde su creación fue mutando. Como ubica la propia Patti Smith: << Fue el verano que murió Coltrane (…). Los hippies alzaron sus brazos vacíos y China hizo detonar la bomba de hidrógeno. Jimi Hendrix prendió fuego a su guitarra en Monterrey (…). Fue el verano de la película Elvira Madigan y fue el verano del amor. Y en aquel clima cambiante e inhóspito un encuentro casual cambió el curso de mi vida. Fuel el verano que conocí a Robert Mapplethorpe.>>

Patti Smith relata cómo la llegada del pintor y fotógrafo la convirtió en lo que es hoy. A través de su historia de amor podemos adivinar cuáles eran sus miedos y hacia dónde miraba su necesidad artística. Sorprende ver cómo la música no fue su prioridad durante sus primeros años de juventud del mismo modo que eclipsa leer algunos de sus encuentros con artistas como Janis Joplin o Jimi Hendrix. Su perspectiva nos presenta una década – años setenta – y una ciudad – Nueva York – que castigaba y enamoraba a partes iguales; y su forma de narrarlo suena tan cercana que parece que pudiéramos ir mañana mismo a pasar una tarde setentera en el hall del Hotel Chelsea o acercarnos a Max’s y con suerte encontrarnos a Warhol. Su entorno lo configuraban Sam Shepard, Allen Ginsberg, Diane Arbus; y sin embargo Patti y Robert seguirían siendo ese binomio irrompible que nunca nadie pudo igualar.

Porque la relación entre ambos fluctúa entre el amor pasional y el cariño fraternal. La definición de “querer” bien la pudieron inventar ellos porque si la suya no fue una relación típica, sí fue una relación fácil. El despertar de la homosexualidad en Robert no supuso la huida de Patti. Los dos sabían que debían estar juntos, pues no sabían “estar” de otra forma y como si de una obra de arte se tratara crearon su propia relación y la convirtieron en vanguardia. Probablemente su historia sea una de sus mejores creaciones.

Patti Smith expresa en varias ocasiones su reticencia a entregarse a la madurez. Pero quizás confunda “madurez” con lo que se supone que  es “ser adulto”. Ella se arriesgó, cogió su maleta y se plantó en Nueva York para ser artista. No buscó el bienestar inmediato y persiguió convertir el arte en su forma de vida. Y lo más importante, luchó por encontrarse a sí misma. Y lo hizo: encontró a Robert. Ambos son un ejemplo del arte por el arte; de la absoluta entrega.

Este libro no es solo para los amantes de la música, es para los amantes de la vida.

Texto: Wilma Lorenzo. Foto: Robert Mapplethorpe.

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