Egon Soda: la retórica del rock

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La inercia podría ser considerada como un medidor de la naturaleza humana en su vertiente más individualista. Cuando alguien se deja vencer a la misma, fluye en función a aquello que reside en su interior, a las experiencias acumuladas y al conocimiento aprendido. Egon Soda son la coincidencia en tiempo y espacio de seis talentos que empujados por una fuerza conjunta caminan hacia un mismo lugar. Sin artificio ni premeditación: amigos de la intuición, unidos por el placer de experimentar juntos lo visceral de hacer rock and roll. Manejan un mismo lenguaje y lo hacen como nadie; y sin embargo lejos de ser un mero ejercicio de estilo son su reivindicación. Es su don – mitad innato, mitad adquirido – el que lleva a la banda formada por Ricky Falkner, Ferran Pontón, Ricky Lavado, Charlie Bautista, Pablo Garrido y Xavi Molero; a plantarse en el Teatro Lara (Madrid) con ‘Dadnos precipicios’ bajo el brazo, pocos ensayos; y así, reventarlo.

Su recién estrenado trabajo es el mejor de su carrera y la interpretación de sus canciones en directo terminaron por reafirmarlo. Comenzaron conforme lo hace el álbum: “El cielo es una costra” y la rasgada voz de Falkner inauguraban la noche. El intérprete pediría perdón en varias ocasiones por el estado de su voz; aunque debiera ser consciente de que su cualidad como vocalista reside en asumir como propios los versos de Ferran [letrista de la banda] vertiendo en ellos la sensibilidad y conmoción que terminan de redondear el sentimiento.

El concierto continuó hermanado al tracklist de ‘Dadnos precipicios’ con ‘La Recuperación’ y ‘Calibán & Co’; siendo interrumpido por ‘Vals de pequeña mecánica’, ‘Papel pintado’, ‘Cosas que no son como deberían ser’ y otra serie de miradas al pasado inmediato de Egon Soda. Y en todos la complicidad de unos con otros, el movimiento a una y ese irremediable talante que hace parecer sencillo lo complicado; mirar al escenario, ser consciente del valor de lo genuino que allí está ocurriendo y que parezca fácil. El guitarrista Pablo Garrido es un maestro de la aparente templanza en convivencia con el virtuosismo.

‘Escápula’ tiznaría el teatro de un mayúsculo intimismo, aunque para definir a cada uno de ellos o a ellos en conjunto, basta con ver en acción a Egon Soda interpretando ‘Suite #7’: manejo de la dinámica y expresión. La consecuencia de que cada instrumentista haga de su instrumento una prolongación de sí mismo.

Tras los bises: ‘Reunión de pastores, ovejas muertas’ con Martí Perarnau y Gonçal Planas en escena; y ‘Nueva internacional’ ponían fin a la noche al son de «haz lo que te pidan, no lo que te digan». Vosotros, Egon Soda, haced lo que queráis.

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Texto y fotografías: Wilma Lorenzo.

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